Me encanta esos días junto a ti en los que no podemos parar de reir, me gusta sentir esas punzadas en el estómago y ese dolor en la mandíbula que no te deja cerrar la boca, sin parar de reir, y que lo único que te sale hacer en ese momento es golpearte los muslos mientras te agachas agarrándote el estómago con la otra mano.